Los gatos del vecindario escarbaban mi huerto recién sembrado cada noche: el día que esparcí piñas sobre la tierra, no volví a ver ni una huella
Un jardinero frustrado por las incursiones nocturnas de los gatos del barrio encontró la solución casi por casualidad: piñas frescas esparcidas sobre el terreno. No es olor, no es química: es pura física táctil que convierte el suelo en un terreno inhóspito para las patas felinas.