Regaba mi monstera cada vez que veía manchas marrones: cuando un experto midió la temperatura tras el cristal, descubrí que la estaba cocinando a 36 °C
Durante meses regué compulsivamente mi monstera creyendo que sufría de sequedad, hasta que un experto descubrió que las hojas alcanzaban 36 °C junto al cristal de la tarde. El verdadero problema no era la falta de agua, sino un estrés térmico invisible que yo empeoraba con cada riego.