Monté mi tarima composite junta con junta solo para que quedara perfecta: con 33 °C entendí lo que le había hecho al suelo
Obsesionado con un acabado perfecto sin interrupciones visuales, instalé mi tarima composite lama contra lama. Cuando llegó el calor del verano, el suelo comenzó a abombarse. Lo que no calculé es que esos milímetros de separación que tanto detestaba no son un defecto de diseño, sino el espacio vital que el material necesita para respirar.