Regaba mis tomateras cada día y perdía todas las flores: el error que casi todos cometemos en verano
Durante una ola de calor, pasé una semana regando obsesivamente mis tomateras sin entender por qué las flores caían. Después de veintitrés flores perdidas, comprendí que el problema no era la falta de agua, sino el exceso. La solución llegó del lugar menos esperado: el sombreado, no el riego.