Todos nos empeñamos en culpar al sol de mediodía por los tomates podridos: este gesto con la regadera es sin embargo el verdadero culpable
Cada verano culpamos al sol de mediodía por la podredumbre de nuestros tomates, pero el verdadero responsable está en nuestras manos: un riego irregular que alterna sequía y diluvio. La solución no es complicada, solo requiere consistencia y un gesto de diez segundos.