Sujeté una pinza de madera en el tallo de mi tomate solo para que la rama no se cayera: quince días después, al abrirla, vi lo que se había formado en el corte
Un gesto casual de sujetar una rama de tomate con una pinza de ropa desencadenó un descubrimiento sorprendente: quince días después aparecía un tejido blanquecino esponjoso. Lo que parecía una herida era en realidad el callo cicatricial, el mismo mecanismo que utilizan los propagadores profesionales. Este fenómeno revela cómo el tomate activa sus propios sistemas de supervivencia ante el estrés.