Colgaba botellas con agua azucarada para atrapar avispones asiáticos: cuando vacié la primera al cabo de un mes, entendí lo que estaba matando de verdad

Un mes. Es el tiempo que tardé en atreverme a vaciar la primera botella colgada en el cerezo del huerto. Esperaba encontrar un puñado de avispones asiáticos flotando en el líquido dulzón. Lo que encontré fue un cementerio de mariposas, escarabajos, moscas y, sí, también algunas abejas. De avispones asiáticos, apenas dos o tres. El resto era todo lo que no quería matar.

Esa sensación de desconcierto, de haber fabricado sin querer una trampa para todo el vecindario de insectos en vez de un arma quirúrgica contra la Vespa velutina, no es una anécdota aislada. Es, de hecho, el problema central que llevan años señalando los investigadores que estudian esta especie invasora en España.

Lo esencial

  • Una trampa casera mata 100 insectos beneficiosos por cada avispón asiático capturado en primavera
  • Los agujeros de entrada de 9 milímetros y salidas de escape pueden reducir drásticamente el daño colateral
  • Estamos aniquilando sin saberlo al avispón europeo, uno de los pocos insectos nativos que puede frenar la invasión

Lo que en realidad cae en la botella

Las trampas caseras con agua azucarada, cerveza, vino o fruta fermentada funcionan porque el olor dulzón resulta irresistible para muchísimos insectos, no solo para el avispón que buscamos eliminar. Las trampas no son perfectas a la hora de discriminar entre insectos y se puede crear un daño a la biodiversidad porque se matan muchos insectos que no son la avispa asiática, como polillas, escarabajos, moscas, abejas y un aliado que lucha contra la invasora asiática: el avispón europeo. Ese último dato duele especialmente: estamos aniquilando, sin saberlo, a uno de los pocos insectos autóctonos capaces de hacerle frente al invasor.

El dato que resume mejor el problema viene de Galicia, la región con más experiencia acumulada en trampeo. Por cada velutina capturada en primavera se matan otros 100 insectos. Cien a uno. Si mi bote de un mes hubiera cazado esos dos o tres avispones a cambio de trescientos insectos beneficiosos, el balance ecológico habría sido, sencillamente, desastroso.

Por qué la ciencia duda del trampeo casero

Conviene ser honesto: el problema no es solo estético o sentimental hacia las mariposas. Investigadores del departamento de Ecología y Biología Animal de la Universidad de Vigo llevan años comparando la eficacia real de distintos modelos de trampa. La finalidad del estudio se centra en comparar la efectividad y selectividad de cuatro modelos de trampa, midiendo cuántos avispones caían frente a cuántas especies no objetivo terminaban también atrapadas.

La conclusión general no es tranquilizadora para quien confía ciegamente en el bote colgado del balcón. Hasta ahora no existen evidencias de que este tipo de trampeo realmente ayude a reducir la población, y varios investigadores franceses que han hecho un seguimiento de los nidos durante años piden dejar de usar este método porque no es efectivo ni sostenible. El argumento de que esas reinas capturadas habrían fundado colonias enteras tampoco convence del todo a los científicos: los insectos que caen en las trampas y los que consume V. velutina no son los mismos, por lo que el trampeo supone una presión añadida sobre las especies nativas, no una compensación.

Nada de esto significa que el trampeo sea inútil en todos los casos. Significa que la selectividad del trampeo con cebo es el gran problema del método, y que un bote con un agujero cualquiera y agua azucarada pura no resuelve ese problema, solo lo esconde bajo un puñado de avispones muertos que nos hacen sentir bien.

Cómo hacer que la trampa mate lo que debe matar

Hay margen para mejorar, y no implica renunciar al método casero. El primer ajuste es el tamaño de los agujeros de entrada. En el tapón se realiza un agujero de unos 9 milímetros que permita la entrada de la avispa asiática y evite que entren otros insectos de mayor tamaño como mariposas, y ese milímetro de diferencia marca la vida o la muerte de decenas de ejemplares no deseados. El segundo ajuste, igual de importante, es dar una vía de escape a los insectos pequeños: a unos centímetros del fondo de la botella se realizan otros agujeros con un punzón de menos de 5 milímetros de diámetro, de forma que puedan salir otros insectos que acaben en la trampa por error. Sin esa salida, cualquier abeja que se cuele queda condenada igual que el avispón.

El calendario también importa más de lo que parece. Colgar botellas en pleno verano, cuando las abejas están en plena actividad polinizadora, multiplica el daño colateral. La ventana realmente útil es otra: el trampeo de primavera, entre febrero y mayo, tiene como objetivo capturar a las reinas fundadoras que salen de la hibernación para crear nuevos nidos, y capturar una sola reina en esta época evita la creación de una colonia entera de miles de avispas en verano. Es la fase donde el esfuerzo rinde más y el riesgo para otras especies es algo menor, porque muchos polinizadores aún no están en su pico de actividad.

Quien quiera ir un paso más allá puede fijarse en las trampas comerciales calibradas, que llevan ese principio al extremo. En Alcañiz, donde el ayuntamiento combina botellas caseras con modelos homologados, se han colocado también trampas del modelo VespaCatch, cuya ventaja está en sus orificios calibrados, que dejan entrar a la reina de avispa asiática pero no a la autóctona Vespa crabro, de mayor tamaño. No es magia, es geometría aplicada a la biología: la avispa asiática mide lo justo para pasar por un agujero que el avispón europeo, más corpulento, no puede atravesar.

Una pregunta antes de colgar la próxima botella

Vacié aquella primera botella con la sensación de haber hecho trampa a la naturaleza sin darme cuenta. La segunda la rehíce con agujeros más pequeños, una salida para los insectos menores y la colgué solo durante las semanas de reinas fundadoras. La diferencia se notó: menos víctimas colaterales, prácticamente los mismos avispones. Antes de colgar la próxima trampa en tu jardín, quizá la pregunta no sea cuántos avispones vas a atrapar, sino cuántas otras vidas estás dispuesto a sacrificar por cada uno de ellos.

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