La escena se repite en miles de balcones y jardines españoles cada primavera. Ves tu rosal, tu limonero o tus habas invadidos por una masa oscura de pulgones y, entre ellos, unas pequeñas larvas negras que parecen añadir más caos al desastre. La reacción instintiva es aplastarlo todo. La mano va directa. Un error que muchos jardineros, incluido yo, hemos cometido sin saberlo.
Fue un vecino con más de veinte años cultivando su huerto quien me paró en seco. “Eso que estás matando es lo que te iba a salvar la planta.” La frase me dejó paralizado con los dedos manchados.
Lo esencial
- Esas larvas negras que te parecen plagas consumen hasta 600 pulgones cada una
- El aspecto inquietante de las larvas depredadoras hace que las confundas con la plaga misma
- Un jardín sin orden perfecto, pero con flores, atrae los insectos que realmente necesitas
El doble engaño: cuando el aspecto traiciona
Las larvas de las mariquitas son negras, con alguna mancha naranja, alargadas, con patas y mandíbulas. Nada que ver con el simpático puntito rojo que todos reconocemos. Estas larvas tienen un aspecto muy diferente al de los adultos, siendo más largas, de color oscuro y con manchas naranjas o amarillas. Son pequeños “monstruos” de aspecto amenazador que se mueven entre los pulgones como si fueran parte de la plaga, y por eso tantas personas las eliminan sin pensarlo dos veces.
La historia se complica con los sírfidos, esas moscas que de adultos revolotean sobre las flores imitando a las avispas. Sus larvas tienen una forma muy característica de “coma”, sin cabeza ni patas, con la parte posterior acabada en punta. Son de color verde grisáceo, casi transparente y con manchas amarillas. También pueden aparecer con tonos más oscuros, y al verlas moverse lentamente entre una colonia de pulgones, el instinto dice “aplasta”. El instinto se equivoca.
Y luego están las crisopas. Las crisopas se sienten atraídas por plantas que producen néctar y polen, y sus larvas, que son depredadoras generalistas, se alimentan de pulgones, moscas blancas, ácaros y otros insectos dañinos. Tres insectos distintos, tres larvas de apariencia inquietante, tres aliados que trabajaban gratis en tu jardín mientras tú los ejecutabas.
Lo que estabas destruyendo, en números
Una mariquita adulta puede comer hasta 400 pulgones por día, lo cual ayuda a mantener un equilibrio natural en el ecosistema del jardín, sin necesidad de recurrir a productos químicos dañinos. Pero el adulto es casi un turista comparado con su fase larvaria. Las larvas de mariquita pueden comer hasta 600 pulgones durante su etapa de desarrollo de dos a tres semanas. Seiscientos pulgones. Es como si tuvieras contratado a un equipo de control de plagas que trabaja las veinticuatro horas, completamente gratis, y tú lo estuvieras despidiendo a manotazos.
Los sírfidos no se quedan atrás. Son muy voraces, capaces de consumir durante el periodo larvario hasta 400 pulgones. Y lo hacen con una lógica perfecta: la mosca adulta es un insecto polinizador y las hembras depositan los huevos cerca de las colonias de pulgón. La madre identifica exactamente dónde está el problema y deja allí a sus crías para resolverlo. La naturaleza, cuando la dejas trabajar, es extraordinariamente eficiente.
En la naturaleza siempre hay un equilibrio entre plagas e insectos beneficiosos: devorar y ser devorado. El problema es que nosotros, con nuestros dedos o con un insecticida de brocha gorda, rompemos ese equilibrio en dos segundos y luego nos preguntamos por qué los pulgones vuelven con más fuerza que antes.
Cómo identificarlos antes de actuar
La regla práctica que me dio aquel jardinero es sencilla: si ves algo negro o raro moviéndose entre los pulgones y no parece estar huyendo de ellos, probablemente sea un depredador. Los pulgones huyen, se aglutinan, se protegen. Las larvas depredadoras se mueven con lentitud deliberada y propósito. Observa dos segundos antes de actuar.
Para la larva de mariquita, busca el cuerpo segmentado, alargado y con manchas de color naranja o amarillo sobre fondo oscuro. Los huevos son depositados en grupos, en cápsulas amarillas de las que salen pequeñas larvas bicolor: naranja con negro, con forma similar a la de un lagarto. Si ves esos huevos amarillos agrupados en el envés de una hoja, no los toques: son el ejército que está a punto de desplegarse.
Para los sírfidos, la larva en forma de “coma” translúcida, casi gelatinosa, es su seña de identidad. Para las crisopas, el adulto es un insecto verde delicado con alas de encaje que muchos encuentran bonito, pero cuya larva tiene aspecto de pequeño cocodrilo feo. Estos coloridos escarabajos coccinélidos constituyen un excelente recurso en el control de los áfidos, ya que consumen grandes cantidades de estos insectos-plaga, tanto en su fase adulta como larvaria.
Cómo invitarlos a quedarse
Una vez que dejas de matarlos, el siguiente paso es crear las condiciones para que lleguen solos. Las larvas de los insectos se alimentan de forma distinta que el insecto adulto. Ocurre, por ejemplo, con los sírfidos o las crisopas: los insectos adultos buscan las flores y se alimentan de polen y néctar, mientras sus larvas devoran a los pulgones. Eso significa que necesitas flores.
En la estrategia de control de pulgones al aire libre es importante disponer de plantas insectarias que ofrezcan alimento a los adultos, como Lobularia, Coriandrum, Fagopyrum, Chrysanthemum o Phacelia. Una pequeña hilera de cilantro o albahaca florida junto a tus tomates no es un capricho estético, es una estrategia de defensa. Los adultos llegan atraídos por el néctar y dejan allí mismo a sus crías, que se encargan del resto.
Los coccinélidos del género Scymnus son las mariquitas más abundantes de la Península Ibérica y son ávidos consumidores de pulgón. Están aquí, en nuestro territorio, esperando el ambiente adecuado. Para atraerlas, puedes plantar flores silvestres y ofrecerles refugio en forma de hojas y ramas caídas. Un rincón un poco “desordenado” del jardín, con hojarasca o alguna piedra, vale más que el jardín más impoluto de la manzana.
Lo que descubrí aquel día no fue solo una lección de entomología. Fue entender que un jardín sano no es el que tiene menos bichos, sino el que tiene los bichos correctos. La próxima vez que veas algo raro entre tus pulgones, para la mano. Puede que estés a punto de destruir la mejor solución que tenías.
Sources : eldiarioar.com | multiplag.com