Tienes una planta de interior que siempre acaba con pulgones, mosca blanca o ácaros. La tratas, mejora durante unos días, y vuelve la plaga. El ciclo se repite. Lo que probablemente nadie te ha dicho es que la solución no está en el spray, sino en la maceta de al lado.
La práctica del cultivo asociado, es decir, colocar junto a una planta vulnerable otra con propiedades repelentes, consiste en sembrar diferentes tipos de plantas en proximidad cercana para aprovechar las interacciones beneficiosas entre ellas. Lleva siglos aplicándose en huertos y jardines de todo el mundo, pero su traslado al interior del hogar es más reciente. Y funciona. No como un escudo mágico, sino como una barrera olfativa que confunde, disuade y aleja a los insectos dañinos antes de que se instalen.
Lo esencial
- Los expertos usan una técnica milenaria del cultivo asociado que funciona en interiores
- Ciertos aromas confunden y ahuyentan a los insectos antes de que se instalen en tus plantas
- Una sola planta puede crear una barrera olfativa que cambia todo el ecosistema de tu salón
Por qué los insectos encuentran tan fácil tu planta de interior
Los insectos tienen más facilidad para localizar las plantas huésped cuando hay un gran número de ellas plantadas juntas. Intercalar distintas especies puede dificultar que las plagas encuentren su planta preferida. Aquí está el problema de los interiores: solemos agrupar plantas iguales o similares, creando pequeñas colonias perfectas para que los bichos campeen a sus anchas. Una monstera junto a otra monstera, varios pothos en fila. Un banquete servido.
Los patógenos encuentran sus plantas huésped mediante la vista o el olfato. Intercalar plantas aromáticas o de olor fuerte puede hacer que se desorienten. Dicho de otra forma: el aroma de ciertas especies actúa como ruido blanco olfativo. Los insectos no distinguen su objetivo y siguen de largo.
La compañera que los expertos colocan justo al lado
Si tuvieras que elegir una sola planta para poner junto a tus verdes favoritas, la respuesta de la mayoría de especialistas apunta a la albahaca. La albahaca, además de ser de cultivo fácil y excelente para macetas y huerto urbano, repele a la mosca blanca, mosquitos, moscas y chinches, y atrae polinizadores. No está mal para una planta que además da un pesto extraordinario.
Pero la albahaca no trabaja sola. La menta es repelente para hormigas, pulgones, mosquitos, moscas y ácaros. Su aroma fuerte aleja a las hormigas y las moscas, y se puede plantar alrededor de otras plantas para evitar que se aproximen insectos dañinos. El único inconveniente: crece con tanta energía que puede invadir la maceta vecina. La solución es mantenerla en su propio tiesto, pero cerca.
La lavanda merece mención aparte. Es repelente para mosquitos, polillas, pulgones, moscas blancas y escarabajos. Su fragancia es desagradable para muchas plagas, pero atrae abejas y mariposas, lo cual es excelente para la polinización. En interior tiene el añadido de perfumar el ambiente con uno de los aromas más agradables que existen: lo que para nosotros es relajante, para los pulgones es insoportable. Una paradoja que conviene aprovechar.
El dúo que ninguna plaga quiere ver: caléndula y tagetes
El aroma de los tagetes es capaz de espantar al pulgón y a la mosca blanca, motivo por el que habitualmente se planta alrededor del perímetro del huerto creando una barrera protectora. En maceta, el efecto es más localizado, pero real. Colocado junto a una planta propensa a las plagas de raíz, suma otro poder: las raíces del tagete segregan una sustancia natural que actúa como repelente de cualquier tipo de nematodo, lo que puede mantener a raya a esos gusanos enemigos de cultivos como el tomate, la patata o la berenjena.
La caléndula es su prima más ornamental y, si cabe, más versátil. El olor de la caléndula es repelente para los pulgones, y sus flores además atraen a los sírfidos, insectos beneficiosos considerados depredadores naturales de los pulgones. Una planta que repele y, al mismo tiempo, invita a los aliados. Poco más se puede pedir.
El romero cierra este trío aromático con autoridad. Colocar una maceta de romero en el balcón o junto a otras plantas puede hacer que la presencia de insectos voladores, como la mosca blanca, los mosquitos, las moscas y las polillas, disminuya significativamente. Tolera bien la sequedad, necesita sol y apenas da trabajo. Perfecto para quien ya tiene bastante con el riego de las plantas ornamentales.
Cómo aplicarlo en casa sin convertir el salón en un huerto
La clave no es transformar la estantería en un jardín botánico. Colocar plantas resistentes a las plagas cerca de plantas delicadas crea una barrera natural que reduce las infestaciones. Basta con uno o dos acompañantes estratégicos.
Para plantas tropicales como pothos, filodendros o calatheas, que suelen sufrir ácaros y mosca blanca, una maceta de albahaca o menta cerca hace el trabajo. Para plantas de hoja grande como monsteras o ficus, los tagetes en el alféizar más próximo actúan de primer filtro. En jardines pequeños de interior, las plantas compañeras pueden cultivarse incluso en macetas independientes y colocarse cerca de los cultivos vulnerables.
Eso sí, hay una advertencia que vale la pena tener en cuenta: estas plantas son una ayuda para prevenir las temidas plagas, pero no blindan del todo las plantas, por lo que en algunas ocasiones habrá que echar mano de insecticidas y fungicidas igualmente. La asociación de cultivos no es una solución absoluta. Es una primera línea de defensa, y una bastante cómoda: riegas, huele bien y los bichos prefieren irse a otra parte.
Queda una pregunta abierta que va más allá del control de plagas: si la simple presencia de ciertas plantas puede comunicar señales químicas a sus vecinas y cambiar el comportamiento de los insectos en un espacio cerrado de pocos metros cuadrados, ¿cuántas otras sinergias vegetales estamos ignorando en nuestros hogares?
Sources : herbolariahub.net | eurogardenseeds.com